La agresión ocurrida en la escuela Giovanni Verga de Roma, donde una profesora fue apuñalada por un alumno de trece años después de que el ataque se hubiera anunciado en un chat, nos sitúa ante algo que va más allá de la noticia, no porque sea posible conocer desde fuera las motivaciones profundas de ese acto, ni porque un episodio aislado pueda utilizarse para formular diagnósticos o juicios sobre un chico, una familia o toda una generación, nos interpela porque, junto a la violencia, aparece un público.
Cuando un acto se anuncia, se graba, se comparte o se imagina ante la mirada de los demás, la relación entre quien actúa y quien lo sufre cambia, ya no hay solamente dos personas y lo que ha ocurrido entre ellas,…
Artículo completo reservado a los miembros
Continúa leyendo en las Salas de diálogo.
La inscripción es gratuita y no tiene ningún coste. Solo necesitas tu nombre y tu correo electrónico.
Registrarse o iniciar sesión gratis