Hay rechazos que terminan en un momento preciso y, sin embargo, continúan viviendo dentro de nosotros mucho después. Una persona se marchó, no fuimos elegidos, alguien no reconoció lo que ofrecíamos o una relación nos devolvió una imagen dolorosa de nosotros mismos. El hecho pertenece al pasado, pero la conclusión que extrajimos puede seguir guiando el presente.
El rechazo no se limita a decirnos que alguien no pudo o no quiso quedarse. Puede convertirse en una definición: «no soy suficiente», «si me conocen de verdad, se irán», «debo…
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