En el duelo puede llegar un momento inesperado en el que el dolor deja de ocupar cada hora. Una mañana advertimos que hemos reído, seguido una conversación sin alejarnos con el pensamiento o, simplemente, habitado la vida durante un instante. Y justo entonces, junto a un alivio todavía tímido, puede aparecer la culpa.

Tememos que estar mejor signifique dejar atrás a la persona que amamos, como si el sufrimiento se hubiera convertido en la prueba más fiel del vínculo y cualquier transformación se pareciera a una…

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